Piñera, enchufado a un terminal de Bloomberg en La Moneda

Por Juan Pablo Barros Un flaco favor terminó haciéndole el conservador periódico inglés Financial Times al presidente Sebastián Piñera. Resulta que por lanzarle flores, lo echó al agua. El matutino británico, enfocado (como su nombre lo anuncia) a los especuladores e inversionistas de la “City” de Londres, publicó una elogiosa entrevista a Piñera el 21 […]

Un flaco favor terminó haciéndole el conservador periódico inglésFinancial Times al presidente Sebastián Piñera. Resulta que por lanzarle flores, lo echó al agua. El matutino británico, enfocado (como su nombre lo anuncia) a los especuladores e inversionistas de la “City” de Londres, publicó una elogiosa entrevista a Piñera el 21 de julio.

Allí se presenta el caso de un colega de los lectores, que ha logrado convertirse en presidente de un país del Tercer Mundo. Un “gerente trabajólico, un hiperkinético Nicolas Sarkozy sudamericano”, dice el texto del periodista Jude Webber. Pero, se desliza un detalle de la rutina diaria del mandatario, que podría complicarlo después de cinco meses de esforzarse por convencer al país de que se ha alejado de los negocios privados y que ha decidido someterse a un “fideicomiso voluntario”. Piñera tiene en su despacho presidencial de La Moneda la herramienta favorita del gran especulador bursátil: un terminal de Bloomber.

 

“Tiene una calculadora a mano, un bloc de notas garabateado con números frente a él y un terminal Bloomberg”, dice textualmente la introducción de la entrevista. ¿Pero qué es una terminal de Bloomberg? Pues es un computador dedicado, que muestra en tiempo real información sobre el desempeño de acciones, y otros instrumentos de inversión privada en diferentes mercados del mundo. Un resumidero de todos los datos que un especulador requiere para incrementar su capital personal. Y la máquina no sólo entrega información, sino que permite realizar compra-venta en línea.

Algunas alarmas sonaron en la prensa independiente. Periodistas de El Mostrador preguntaron a La Moneda por el terminal de Bloomberg. En palaciose hicieron los locos y negaron que hubieran contratado el servicio e incluso consiguieron el mismo día una carta de la empresa negando que tuvieran contrato con alguna de las reparticiones del lugar, no aclarando si el presidente es cliente privado de la compañía. Pero la periodista Francisca Skoknic, del informado sitio de periodismo de investigación CIPER Chile, se comunicó directamente con el reportero Webber, del Financial Times, quien reafirmó el dato. “Me confirmó que fue el propio Presidente quien en el mismo despacho le dio la información publicada: cuando le preguntó si una de las pantallas era de Reuters, Piñera le respondió que no, que era Bloomberg”, cuenta Skoknic en un artículo.

Por ahora, el panorama relativo a este tipo de situaciones es complejo. Tenemos dictados de Contraloría que no han resultado tajantes en separar el lucro privado de la gestión pública, contentándose con una literalidad legal exasperante. Porque el Contralor, al ceñirse a la letra, termina por proponer enredadas paradojas a la sociedad. Nos aclara a todos que Ruiz Tagle, en su calidad de accionista de Colo Colo, podía ser subsecretario de Deportes, siempre no que tomara decisiones sobre el deporte más popular del país. Lo que era como decir: puede ser subsecretario, mientras no haga cosas de subsecretario.

Por si eso no bastara, sigue hibernando en el Congreso el proyecto de ley de fideicomiso ciego, que hasta ahora no ha podido ser aprobado; por falta de voluntad política, expresada bajo la fórmula de todo tipo de excusas técnicas.

Así que, de acuerdo a los primeros análisis, Piñera “sólo” estaría faltando a su palabra. Porque, pese a anunciar que se desentendería de su propia fortuna (salvo por Blanco y Negro), que las corredoras de bolsa designadas manejarían su patrimonio sin interrumpir su dedicación exclusiva al cargo, el Presidente sigue permanentemente atento y enchufado a los vaivenes de acciones e instrumentos de inversión específicos, que sólo sirven para ser negociados.

Se trata de variaciones particulares de precios en los redondeles y bolsas electrónicas, que en ningún caso pueden considerarse información económica general, relativa a decisiones gubernativas. Y, por si fuera poco, el Presidente realiza esta actividad, no en su casa, sino que en una oficina fiscal, que es nada menos que La Moneda.

Para resumirlo de manera menos indirecta, de acuerdo a lo informado por el diario británico Financial Times, el Presidente ha mentido. Basta con eso para que, otra vez, la anhelada y cacareada dignidad del cargo se aleje de su persona. Porque, como muchos analistas han hecho notar, los ciudadanos no sólo esperan que el primero de sus funcionarios públicos se contente con mantenerse al filo de lo legal. También exigen –razonablemente- un comportamiento que se encuentre ampliamente dentro del área de lo que todos consideran ético.

El consenso social dice que no es correcto mentir. Ni confundir -en un mismo espacio y tiempo- actividades de naturaleza tan ajena (por no decir antagónicas e incompatibles) como la especulación de bolsa y el servicio público. Porque quien, como un presidente, tiene que tomar decisiones que afectan a los mercados todos los días, está en inmejorable situación para lucrar de cada uno de los actos oficiales que realiza en calidad de representante de la soberanía popular.

Esta connivencia de preocupaciones, esta permanente tentación del apostador bursátil, no solamente podría distorsionar las decisiones del Ejecutivo. También, inevitablemente, terminan de prostituir todo el sistema representativo democrático, que (con sus innegables falencias) ha costado sangre y sudor al país.

Lo increíble es tener que rebobinar al punto de tener que aclarar hasta esto. Sobre todo a personas adultas que, sospechamos, lo tienen perfectamente claro.